10:56
Te puedo ver tras esta página en blanco, silencioso y pensativo. Nos encontramos siempre a deshoras, siempre nuestras, por separado. Silencioso, hurgando en los confines del pasado, sin remedio, en busca de la llave que te lleve a revivir un momento que murió de tanto ser resucitado. Pensativo con las palabras que ya nunca me dices, fácilmente recargables de infierno o de cielo en cuestión de segundos. Y roto, como quien lleva demasiado equipaje, sin darte cuenta de lo que pierdes dejándolo caer en este camino, que nunca fue nuestro viaje.
Tus palabras me matan, en serio, ya hace tiempo que morí más de una vez por tus escritos. Son tan cercanos y precisos que apuntan directamente a los recuerdos (por lo menos los míos) y los dejan sin escapatoria, sin poder esconderse de nuevo. Y sin ningún tipo de previo aviso, presionan el gatillo.
ResponderEliminarSupongo que ya habías decidido esto antes, pequeña. Cuídate.
ResponderEliminar