Le explicas a la niña que no fui que las lágrimas se agotan. Que casi siempre el dolor no necesita manifestación alguna, que a veces, y esas hay que escogerlas bien, una puede expresarlo.
Le explicas a la niña que no fui que ir siempre de negro nunca la hizo bonita, que le endurecía cuando merecía ser blanda.
Le explicas a la niña que no fui que no se aprende a despedirse nunca. Que lo aplazaremos para siempre, aunque luego sea peor, lo aplazaremos hasta el mismísimo Apocalipsis.
Le explicas a la niña que no fui por qué murió.
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